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Derrame pericárdico maligno

Autores: H. Difilippo; J. Guillen; H. Karlen; E. Medinacelli; A. Sosa; M. Solís; S. Quadrelli.

Servicio de Neumonología – Fundación Sanatorio Güemes

Hombre de 39 años de edad, antecedentes de TBQ de 20py, TVP hace un año y TEP hace 6 meses, adenocarcinoma de pulmón de reciente diagnóstico, anticoagulado, ingresa por disnea mMRC III, ingurgitación yugular y presincope.

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Se realiza pericardiocentesis drenando 2000ml de líquido serohemático. Sospecha de invasión pericárdica (pendiente anatomía patológica del drenaje)

El 1 a 20% de los derrames pericárdicos malignos se diagnostica en las autopsias.
La infiltración maligna del pericardio puede manifestarse como pericarditis, derrame pericárdico, taponamiento cardíaco o pericarditis constrictiva. La participación directa del miocardio, ya sea por metastásica o como tumores primarios, es poco frecuente.

El tumor metastásico más común que involucra el pericardio es el cáncer de pulmón; otros incluyen mama, esófago, melanoma, linfoma, y leucemia.

Aunque el sarcoma de Kaposi ha sido una causa importante de enfermedad pericárdica neoplásica, la incidencia ha disminuido drásticamente desde el advenimiento de la terapia antirretroviral.

En algunos casos, el derrame pericárdico puede ser la manifestación clínica inicial de la enfermedad maligna siendo esta la más frecuente. 

Los tumores malignos pueden afectar el pericardio por invasión local directa o por diseminación metastásica a través de los vasos linfáticos o el torrente sanguíneo. Los tumores primarios se originan en el pericardio, aunque estos son mucho menos frecuentes que la participación secundaria.

En los pacientes con enfermedad maligna conocida, el derrame puede tener una etiología benigna, pero la mayoría de los casos se deberá a progresión de enfermedad. Por ende, el derrame pericárdico que se presenta en un paciente con un tumor maligno conocido suele ser por metástasis, esto se asocia generalmente con una corta sobrevida (de dos a cuatro meses desde el momento de la detección). Sin embargo, tienen mejor pronóstico aquellos en los que no se detectan células malignas en el derrame que en los tumores sólidos y cáncer de mama en lugar del cáncer de pulmón.

Entre los pacientes con pericarditis o un derrame pericárdico leve sin neoplasia conocida, la probabilidad de encontrar el cáncer no diagnosticado previamente es del 4 a 7%.

La pericardiocentesis con citológico y/o citometría de flujo del líquido pericárdico se debe realizar cada vez que hay una razón para sospechar malignidad. La evaluación citológica es especialmente importante si el derrame es hemorrágico y no hay antecedentes de traumatismo.

La sensibilidad de la citología para el diagnóstico de un derrame maligno es de entre 67 y 92%, y es más bajo para el mesotelioma y el linfoma. La inmunohistoquímica puede ayudar en la distinción entre células malignas y células mesoteliales atípicas, así como proporcionar información sobre el origen de las células.

El tratamiento de la enfermedad pericárdica neoplásica debe ser individualizado y requiere un examen detallado de la situación cardiovascular y médica del paciente, así como el pronóstico de la enfermedad maligna subyacente, pueden incluir la extracción de líquido para mejorar el estado hemodinámico, prevención de acumulación del derrame y tratamiento de la neoplasia maligna subyacente.

Bibliografía

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Mujer joven con afectación pulmonar bilateral y alteración de la conciencia

Autores:

Churin Lisandro
Ibarrola Manuel

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