Revista Americana de Medicina Respiratoria - Volumen 17, Número 3 - Septiembre 2017

Editorial

Final del juego

Autor : Quadrelli, Silvia

Cuando íbamos a dormirnos esa noche,
Holanda me dijo: “Vas a ver que mañana
se acaba el juego.”

En su célebre cuento (Final del Juego, 1956), Cortázar nos cuenta la historia de tres chiquilinas en tránsito hacia la adolescencia (Holanda, Leticia y la voz narradora del relato que permanece anónima) que todos los días, a la misma hora después de comer, se escapan a las vías del tren del Central Argentino a jugar. Ellas mismas han ideado un juego al que llaman “estatuas y actitudes”, en el que eligen quién representa qué papel cada día. En el juego de estatua, las niñas se visten de “adornos”, que son piezas de ropa y accesorios para recrear personajes o inventar temas para la estatua. Delante del patio de la casa donde las chicas viven y juegan, pasan trenes todos los días y con mucha gente. Pero las niñas no se intimidan con las posibles miradas de los pasajeros, piensan que nadie se da cuenta de ellas y al mismo tiempo, parte de la gracia del montaje, es justamente esa audiencia trashumante y fugaz: “Por supuesto que las actitudes y las estatuas no eran para nosotras mismas, porque nos hubiéramos cansado en seguida. El juego marcaba que la elegida debía colocarse al pie del talud, saliendo de la sombra de los sauces, y esperar el tren de las dos y ocho que venía del Tigre. A esa altura de Palermo los trenes pasan bastante rápido, y no nos daba vergüenza hacer la estatua o la actitud. Casi no veíamos a la gente de las ventanillas, pero con el tiempo llegamos a tener práctica y sabíamos que algunos pasajeros esperaban vernos”.
Pero de pronto esta rutina va a cambiar. Ese mundo de juegos y fantasía, de disfraces e inventiva ilimitada, de posturas regias e irrealidad, terminará colisionando con la realidad, la vida con minúscula, la vida de las pequeñas derrotas cotidianas, ese otro mundo donde las niñas comienzan a dejar de ser niñas y se encaminan hacia la madurez, la adolescencia y el final de la inocencia infantil.

Fue un martes cuando cayó el papelito, al pasar el segundo coche. Cayó muy cerca de Holanda, que ese día era la maledicencia, y reboto hasta mí. Era un papelito muy doblado y sujeto a una tuerca. Con letra de varón y bastante mala, decía: “Muy lindas estatuas. Viajo en la tercera ventanilla del segundo coche, Ariel B.”
Por los sucesivos mensajes en los papelitos, las chicas pronto descubren que Ariel está sólo interesado en una de ellas: Leticia. Pero Cortázar, en un lenguaje ambiguo y evasivo nos ha ido anticipando que Leticia es una niña enferma, con serios problemas físicos. “Leticia no tenía que secar los platos ni hacer las camas, podía pasarse el día leyendo o pegando figuritas, y de noche la dejaban quedarse hasta más tarde si lo pedía, aparte de la pieza solamente para ella, el caldo de hueso y toda clase de ventajas”. “Nos alegramos mucho con Holanda porque Leticia era muy buena como estatua, pobre criatura. La parálisis no se notaba estando quieta, y ella era capaz de gestos de una enorme nobleza”.
Un día cae un papelito en que Ariel les dice que las va a ir a visitar; la noche anterior a esa visita, Leticia muta la silenciosa alegría de saberse la preferida a la profunda melancolía de anticipar el quiebre entre la estatua inmóvil del mundo fantástico y la derrota física que era su realidad. “Leticia comió muy poco y dijo que estaba dolorida, que la dejaran ir a su cuarto a leer Rocambole. Holanda le dio el brazo aunque ella no quería mucho, y yo me puse a tejer, que es una cosa que me viene cuando estoy nerviosa. Dos veces pensé ir al cuarto de Leticia, no me explicaba qué hacían esas dos ahí solas, pero Holanda volvió con aire de gran importancia y se quedó a mi lado sin hablar hasta que mamá y tía Ruth levantaron la mesa. “Ella no va a ir mañana. Escribió una carta y dijo que si él pregunta mucho, se la demos.” Entornando el bolsillo de la blusa me hizo ver un sobre violeta.”
Después de esta carta misteriosa que el lector nunca puede más que imaginar qué contenía, Leticia haría todavía una última aparición: “como el juego marcaba estatua, le elegimos cosas preciosas que iban bien con las alhajas, muchas plumas de pavorreal para sujetar el pelo, una piel que de lejos parecía un zorro plateado, y un velo rosa que ella se puso como un turbante. La vimos que pensaba, ensayando la estatua pero sin moverse, y cuando el tren apareció en la curva fue a ponerse al pie del talud con todas las alhajas que brillaban al sol. Levantó los brazos como si en vez de una estatua fuera a hacer una actitud, y con las manos señaló el cielo mientras echaba la cabeza hacia atrás (que era lo único que podía hacer, pobre) y doblaba el cuerpo hasta darnos miedo. Nos pareció maravillosa, la estatua más regia que había hecho nunca, y entonces vimos a Ariel que la miraba, salido de la ventanilla la miraba solamente a ella, girando la cabeza y mirándola sin vernos a nosotras hasta que el tren se lo llevó de golpe”.
Con melancolía los lectores podemos ver en esta última aparición trágica (en la que sin duda Leticia expone su discapacidad) esa transición de una etapa de la vida a otra, del paso de la infancia a la madurez, Leticia no puede más que caer en la cuenta de que Ariel se ha sentido atraído por la estatua, por el disfraz, por el personaje pero que sus limitaciones hacen imposible trasladar ese sueño del mundo fantástico a la vida real. Las niñas han dejado de ser niñas, en un camino sin retorno y (como nuestra joven narradora anticipara) es el final del juego. “Cuando llegó el tren vimos sin ninguna sorpresa la tercera ventanilla vacía, y mientras nos sonreíamos entre aliviadas y furiosas, imaginamos a Ariel viajando del otro lado del coche, quieto en su asiento, mirando hacia el río con sus ojos grises”.
Para esta editora y para este Comité Editorial, este número de la Revista es el final del juego. Después de cuatro años de mantener viva la RAMR dejamos este espacio en el que pusimos muchos esfuerzos, muchos sueños y, sobre todo, muchas expectativas. Este era nuestro pequeño espacio desde donde tratábamos de construir un mundo mejor para lo que nos tocaba construir: el desarrollo académico de la medicina respiratoria, este era“nuestro reino con una gran curva de las vías…. en que no había más que el balasto, los durmientes y la doble vía; pasto ralo y estúpido entre los pedazos de adoquín donde la mica, el cuarzo y el feldespato brillaban como diamantes legítimos contra el sol de las dos de la tarde”.
Cuando recibimos “la Revista” nuestro objetivo era fundamentalmente mantener y sostener el enorme trabajo que había hecho el anterior Comité Editorial dirigido por el Dr. Carlos Luna. Por un lado, parecía mentira que hubieran conseguido (con tantas debilidades, tantos obstáculos y tantas limitaciones) haber hecho una revista médica “de verdad”. Asustaba el sólo desafío de no echar a perder lo que se había avanzado. Pero al mismo tiempo, sabíamos que aunque esa fuera nuestraúnica “declaración de intenciones”, teníamos la tarea adicional de crecer, de “salir de la infancia”, de generar las condiciones de una madurez académica que estuviera a la altura de las verdaderas posibilidades de la Argentina.
Después de estos años, creemos que lo hemos conseguido en parte, sabemos que a quien venga a continuación le queda mucho por andar. Como Leticia, tenemos que aceptar nuestras limitaciones, única manera de, en algún momento, avanzar y construir realidad.
La Revista ha crecido durante esta gestión. Hemos conseguido que todos los números salgan regularmente, que tengan un mínimo de 3 artículos originales por número, que la transición hacia el formato online fuera aceptablemente atraumática y que pese a la gran carga financiera que esto significa, la Revista continuara siendo Open Access y sin cargos de publicación. Los números tienen Artículos Especiales, Imágenes en Neumonología, Casuísticas, Editoriales y Ateneos. Recientemente, el apoyo financiero de la actual gestión de la AAMR nos ha permitido publicar todos los artículos originales en edición bilingüe sin cargo para los autores. Este no es un mérito de los Editores, es un mérito de los autores que son quienes hacen la Revista. Y es el producto de la contribución de muchos actores que participan de una publicación “seria”.
Una figura esencial para una publicación es la Secretaria de Redacción. Este Comité Editorial no puede expresar más que admiración y gratitud hacia nuestra actual Secretaria de Redacción, la Dra. Laura Belli, que aceptó este cargo (para el que está definitivamente sobrecalificada) por el compromiso ideológico con la importancia de trabajar en cosas concretas que mejoren la calidad de la producción académica en la Argentina. La Dra. Belli no conoce horarios ni reglamentos ni derechos, siempre ha estado disponible fulltime para conseguir que la Revista se publique en tiempo y forma, para cumplir con las increíblemente tediosas formalidades administrativas, para contener las demandas de autores, revisores, anunciantes y porqué no, editores.
Como Editores tenemos que agradecer a las varias Comisiones Directivas con quienes hemos trabajado en estos años que (unas más y otras menos y cada una con su estilo) han apoyado el desarrollo de la Revista. El apoyo logístico del personal de secretaría de la AAMR ha sido siempre generoso y productivo. Los anunciantes que confiaron en la Revista y la han apoyado financieramente han sido una contribución esencial sin la cual esta publicación no sería posible sin una erogación adicional por parte de suscriptores o autores.
El agradecimiento más especial es sin duda hacia los revisores. Ese grupo (reducido) de contribuyentes anónimos son los únicos que garantizan la calidad de una publicación y hacen posible que una revista científica pueda ser considerada como tal. Es justamente el escaso número de expertos que aceptan en nuestro medio revisar publicaciones, lo que hace que la carga que les imponemos a estos voluntarios sea mayor a la que deseamos y que los tiempos de aceptación de los manuscritos sea muy superior al que quisiéramos y, de hecho, al que consideramos aceptable. Esperamos que en algún momento, la mayor parte de los expertos en distintos temas de la medicina respiratoria comprenda la importancia de su participación como revisores y esto permita que la tasa de respuesta a los pedidos de revisión aumente para hacerla compatible con un movimiento ágil de la publicación. Sin revisores, no hay publicación posible. Pero ni la AAMR ni la Revista tienen la facultad de forzar a nadie a aceptar participar en esta función.
Por supuesto el Comité Editorial tuvo también que asumir responsabilidades específicas. Tanto la Editora en Jefe como los restantes miembros del Comité tienen formación de posgrado específica en metodología de la investigación, estadística, epidemiología y/o lectura crítica de trabajos científicos y tienen a su cargo la revisión final de todos los manuscritos, de los comentarios de los revisores y de las respuestas a esos comentarios. Esto supone una carga de trabajo importante que consume la mayor parte del trabajo editorial y que le requirió a varios de los Editores tener que adquirir formación específica en temas particulares del proceso editorial y participar en ámbitos del mundo editorial internacional que le permitieran a la Revista aprender, conocer y ser conocida por los Editores de las grandes publicaciones médicas de la especialidad. La Revista se ajusta meticulosamente a las Recommendations for the Conduct, Reporting, Editing and Publication of Scholarly Work in Medical Journals del International Committee of Medical Journal Editors (ICMJE) y está adherida al Committee on Publication Ethics (COPE) siguiendo estrictamente las normas éticas de las publicaciones internacionales. La Editora en Jefe es miembro del Council of Science Editors y de la World Association of Medical Editors y asiste regularmente a las reuniones de estas asociaciones y las capacitaciones (presenciales y virtuales) en temas como Transparencia Editorial, Peer-Review, Etica de Publicaciones, Plagiarismo, Independencia Editorial o cuestiones legales relacionadas a las publicaciones científicas. Por supuesto, ninguna de estas membresías o capacitaciones le ha significado nunca una erogación a la Revista o la AAMR ya que su financiamiento ha sido personal en tanto que el trabajo de la Editora en Jefe y el resto del Comité Editorial sigue siendo honorario.
Sin embargo, pese a su protagónica responsabilidad en la política editorial, en la revisión de manuscritos y revisiones y en la observancia del cumplimiento de las normas de publicación internacionales, el Comité Editorial no decide qué se publica y qué no. No es tarea (ni debe o deberá nunca serlo) del Comité Editorial decidir qué manuscrito es apto para publicación. Esta es una tarea de los revisores y no hay ninguna duda en el mundo editorial de que, pese a las dificultades y limitaciones que tiene el sistema de peer-review, es el único sistema que garantiza la libertad editorial y evita la discrecionalidad en la elección de las publicaciones. Por esta razón, más allá de todo el entrenamiento formal que se le pide (en todo el mundo) a los Editores de publicaciones científicas, el capital más importante es su historia de publicaciones de artículos originales en revistas indexadas,única manera de comprender, conocer y anticipar los mecanismos del proceso editorial por la simple razón de que los han atravesado multitud de veces.
El sostenimiento de la Revista nos ha dado enormes satisfacciones y un balance definitivamente positivo. No podemos sin embargo negar que son nuestras propias limitaciones como editores (por falta de tiempo, de capacidad, de recursos, de energía política) las responsables de que el avance no haya sido mayor que el que fue. Una revista la hacen los autores, pero los Editores somos responsables de motivarlos suficientemente y de garantizar las condiciones para publicaciones ágiles y de calidad. Tampoco sería honesto negar que no todas son satisfacciones para este o cualquier Comité Editorial. Mantener la libertad editorial y la transparencia de las publicaciones (condiciones fundamentales e inalienables de una publicación científica sin las cuales simplemente no puede ni debe existir) exige el mal trago de resistir presiones inapropiadas de autores, actores políticos dentro de las asociaciones médicas y potenciales financiadores. Adaptar la lógica y las prioridades del mundo académico a la burocracia de la gestión financiera, entorpece el funcionamiento y es, en ocasiones, humillante. Encontrar el punto de equilibrio entre un progresivo aumento de la calidad de publicación y la realidad de recursos y experiencia académica de la región, implica decisiones no siempre tan fáciles de tomar o tan inequívocamente correctas.
Este Comité Editorial siempre estuvo convencido (y esperemos que todos lo estén) de que una publicación científica debe estar realmente al servicio del desarrollo de la investigación independiente. Creemos que con perseverancia, apoyo y libertad académica, Argentina puede crecer y ser competitiva en el mundo académico internacional. Por un lado hemos aprendido a ser pacientes y hemos aceptado que estos procesos duran años. Pero por el otro, sabemos que la defensa permanente e incansable del desarrollo científico, la inversión en ciencia y tecnología y la independencia del mundo académico de presiones políticas o de diferentes actores económicos de la salud son valores irrenunciables para cualquier sociedad científica y para sus órganos de publicación.
Cualquier lector de Cortázar sabe que sus historias se mueven siempre entre lo mágico y lo real. Pero también que deja muchos de sus finales abiertos para que los complete el lector. En este final de juego, esta Editora en Jefe tiene la satisfacción de un camino recorrido pero la plena conciencia de que esta etapa se terminó y el nuevo Comité Editorial debe pasar a un nivel más avanzado a punto de partida del reconocimiento de las debilidades y limitaciones de la Revista y de la producción científica en la Argentina y en la región. Es momento de dejar la inocencia de la niñez. De nada sirve convencernos de que es suficiente porque no lo es. Argentina y América Latina tienen que (y pueden) producir más y mejor. Las estructuras del Estado, fundamentalmente las Universidades, no pueden desentenderse de sus responsabilidades en la generación de conocimiento. Son instituciones privilegiadas respecto del resto de la Sociedad y sostenidas por la sociedad y tienen un deber de rendición de cuentas por la función que se les ha asignado de generar investigación relevante, pertinente y de calidad. En un país como Argentina, con su historia y sus recursos, es imperdonable que subsistan Universidades como meros “enseñaderos” según el decir de Jorge Sábato. Los gobiernos nacionales no pueden excusarse en otras necesidades a las que coyunturalmente denominen esenciales y desfinanciar la ciencia. El documento de Natalio Botana y Jorge Sábato “La ciencia y la tecnología en el desarrollo futuro de América Latina” es de 1969, pero en casi 50 años, son pocos los gobiernos que han hecho honor a sus contenidos. Todos los oradores repiten sus líneas como un mantra “La superación del subdesarrollo de América Latina resultará de la acción simultánea de diferentes políticas y estrategias. En todo caso, y cualesquiera sean los caminos elegidos, el acceso a una sociedad moderna –que es uno de los objetivos que se pretenden alcanzar por el desarrollo– supone necesariamente una acción decisiva en el campo de la investigación científico-tecnológica”. Pero la mayor parte de los gobiernos desinvierte en ciencia y sub-ejecuta presupuestos. Los hospitales privados no pueden alegar excelencia académica y nivel internacional si sólo se dedican a la prestación asistencial y ni invierten ni incentivan logros en investigación clínica independiente. Las sociedades científicas no pueden conformarse con repetir mecánicamente lo que está escrito en los países centrales y llamar a eso calidad académica si no financian, controlan y supervisan investigación académica de calidad. Los líderes de opinión no pueden considerarse tales si no generan conocimiento genuino a través de la investigación clínica o básica e invierten tiempo e influencias en formar recurso humano que esté capacitado para realizar investigación competitiva a nivel internacional.
Cada miembro de la comunidad académica que quiere tener el derecho de ser reconocido como tal, tiene una responsabilidad con sus contemporáneos y con las generaciones futuras. La principal responsabilidad es de los gobiernos y de los gestores de educación superior. Pero cada sujeto individual tiene la posibilidad de elegir libremente si sólo se dedicará a ser un espectador de lo que sucede en otros centros del mundo o si hace todo lo que puede para que aún en dosis pequeñas su hospital, su ciudad, su país sean algo más que meros consumidores de conocimiento ajeno. Argentina tiene que decidir si sólo sigue jugando a estatuas y actitudes, soñando (sólo soñando) que es admirada desde el tren o quiere hacer el esfuerzo de terminar el juego y pasar a formar parte del mundo adulto. El respeto que una comunidad académica tiene dentro del concierto internacional es un trabajo colectivo. De nada sirve que unos pocos de cada país (básicamente por sus publicaciones) sean individualmente respetados y tratados como pares por los grandes grupos académicos del mundo, eso no hace que Argentina o la región sean considerados países académicamente desarrollados. Y que eso suceda o no, depende de cada uno de los miembros de la comunidad académica. Depende de que haya una masa crítica suficiente que quiera asumirse como adulto y no le alcance con la palmadita en el hombro, los elogios al Malbec o la fantasía envejecida de cuánto se parece Buenos Aires a París. Que quieran dejar la estatua disfrazada de ciudadano educado y de mundo y estén dispuestos a llegar al punto en que puedan y deban ser tratados no como “si fueran de la familia” sino realmente como iguales.
La primera y única evaluación que el Literature Selection Technical Review Committee hizo recientemente de la Revista Americana de Medicina Respiratoria no le otorgó puntaje suficiente para ser indexada. Los requisitos de la National Library of Medicine no están especificados explícitamente pero se sabe que incluyen que se sigan las normas de COPE (y se garantice la libertad editorial), que el Editor en Jefe y varios de los miembros del Comité Editorial tengan una historia robusta de artículos originales en revistas indexadas en Medline, que la mayoría de los artículos que publica la revista sean investigaciones originales (y no revisiones o casos que no cuentan para la evaluación) y que la calidad de los artículos (originalidad, relevancia, manejo estadístico, etc) sea similar a la de las publicaciones ya indexadas. La Revista cumple con todos los criterios formales y como áreas formales a fortalecer sólo se le indicó la necesidad de mayores precisiones y certificación de cumplimiento de las normas de ética de publicación (conflicto de intereses y consentimiento informado de los sujetos), mejor diseño de su página web y una descripción más detallada de las calificaciones académicas e historia de publicaciones de los miembros del Comité Editorial (todos aspectos relativamente sencillos de cumplimentar). Lo más difícil de lograr y que el Committee observó como insuficiente es la calidad promedio de los artículos publicados a los que consideró mayormente rudimentarios, solicitando mayor número de sujetos, mejor descripción de los métodos y mayor precisión y sofisticación estadística.
Este es un momento difícil para la investigación no relacionada con la industria en la Argentina y en América Latina. El casi nulo interés por la investigación de los organismos del Estado, la inexistencia de recursos privados para sostener la investigación y el desaliento que genera el escaso impacto de los méritos académicos en el desarrollo profesional, hacen muy difícil el avance de la ciencia. Requerirá un enorme esfuerzo por parte del próximo Comité Editorial fortalecer la calidad académica de lo que se publica y demostrar su propia capacidad editorial y su actividad continua en publicaciones indexadas para que la Revista sea aceptada en ámbitos internacionales.
El juego se terminó. Leticia no puede seguir escondiéndose en un personaje o en un disfraz. Por bella que sea desde el tren y por majestuosas que sean sus estatuas, Leticia sufre parálisis y está inmóvil. Tiene que admitir sus incapacidades y saber que el mundo dejó de mirarla. Pero para Cortázar, siempre el futuro está abierto. La Revista partió de la nada y avanzó notablemente desde su creación. Sus Editores se insertaron fácilmente en el mundo internacional porque conocían su trabajo y porque formaban parte de los Comités Editoriales de revistas de alto impacto. Los esfuerzos hechos hasta aquí (por autores, revisores, editores, miembros de distintas Comisiones Directivas) han dado frutos mayores a los que era dable esperar. Pero sin políticas proactivas (en las Asociaciones médicas y en las carreras de posgrado) que incentiven y capaciten en investigación, no se podrá mejorar la calidad de los artículos. Sin revisores con número y capacitación suficiente, los reportes de revisión no serán satisfactorios para la evaluación internacional. Sin líderes de opinión que incorporen entre sus actividades propias y las que piden a sus médicos en formación, la investigación clínica independiente, no habrá ni número ni calidad de artículos para alcanzar standards internacionales. Sin convicción política de que alcanzar esos standards es un objetivo que justifica continuidad e inversión, no se le podrá dar a la Revista la independencia editorial y la agilidad financiera que necesita una publicación seria.
¿Tienen Argentina y la región que hacer eso?

No necesariamente. Lo que tienen que hacer es decidir. Muchos países en el mundo ni siquiera se plantean entre sus objetivos hacer investigación clínica o epidemiológica propia y sólo son campo de acción de grandes organizaciones internacionales o de la industria farmacéutica. América Latina puede decidir hacer lo mismo, no hay nada de malo en eso. Lo que debiera es dejar de jugar a estatuas y actitudes y, si quiere sentarse a la misma mesa de los llamados países centrales, generar políticas que hagan ese objetivo realista. Al menos Argentina, tiene los recursos para hacerlo. Pero esta decisión, como en todo proyecto colectivo, la tomará la mayoría. La toma cada uno a la hora de administrar recursos, de generar contenidos para los programas de posgrado, de establecer prioridades en sus servicios hospitalarios, de contribuir con tiempo y esfuerzo a actividades dirigidas a ese objetivo. La toma a la hora de votar políticas nacionales y políticas asociativas. La toma a la hora de decidir cómo administra premios y castigos en sus áreas a cargo y en sus elecciones asociativas.
En este final de juego, todas las posibilidades están abiertas. Si la Comisión Directiva de la AAMR toma las decisiones adecuadas y el próximo Comité Editorial es el que necesita la RAMR, con que siga simplemente la misma curva de crecimiento de losúltimos dos Comités, en dos o tres años cuando la Revista pueda volver a aplicar para evaluación, debería ser capaz de haber mejorado las debilidades que se le señalaron en esta etapa evolutiva. Allí podremos ver si todo el esfuerzo de estas dosúltimas gestiones tenía o no futuro, si este era sólo un juego de niños en el que apenas se podía llegar hasta donde se llegó o si la Medicina Respiratoria maduró, la calidad académica continuó mejorando y la profesionalidad e independencia del nuevo Comité Editorial la hicieron merecedora del reconocimiento por el que venimos trabajando hace tantos años. Y entonces sabremos si volverá a pasar el tren y si alguna vez esos mismos ojos grises se posarán de nuevo sobre el terraplén.

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Mujer joven con afectación pulmonar bilateral y alteración de la conciencia

Autores:

Churin Lisandro
Ibarrola Manuel

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